Un café con… Jacobo Pruschy

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Charlamos con Jacobo Pruschy sobre música, el Teatro Real o el Colegio Suizo de Madrid. Os invitamos a compartir la conversación con nosotros

En nuestra entrevista de este mes nos tomamos un café con el empresario Jacobo Pruschy.

En primer lugar, ¿quién es Jacobo Pruschy?

Soy hispano-suizo. Mis padres, ambos suizos, se instalaron definitivamente en Madrid en los años 60. Y aquí nací yo. He vivido muchos años en el país alpino y ahí tuve la suerte de conocer a mi mujer y ahí también nacieron mis hijos. Me siento tan español como suizo y creo que tengo las virtudes y los defectos de ambas nacionalidades.

Aunque de manera casi accidental, su primer contacto con Zertior fue con motivo del concierto “Plácido en el Alma”, celebrado en el estadio Santiago Bernabéu en 2016. ¿Qué recuerda de aquel evento?

Recuerdo que estábamos sentados en el cuarto anfiteatro, casi no se veía a Plácido Domingo. Pero el ambiente, la voz y el carisma de Plácido te hacían olvidar eso pronto. Insistí en que fuésemos en familia, junto a unos amigos, pero me tuve que ir antes de finalizar el concierto porque mi hijo pequeño ya no aguantaba más.

La música ocupa un lugar importante en su vida. ¿Qué representa para usted? ¿Cuál es su género favorito?

Soy un amante de la música. De casi todo tipo de música. Me gusta tanto la música clásica como la moderna. La música es un vehículo que te permite transportarte adonde tu quieras. Tú reinterpretas, de alguna manera, lo que oyes y lo haces tuyo. Además, la música une a las personas y esa es una característica que no todas las creaciones de arte pueden conseguir.

Mantiene usted un gran vínculo con el Teatro Real desde hace tiempo y nos consta que la institución y sus dirigentes le tienen un gran aprecio por su apoyo constante a la misma ¿Qué opinión le merece la profunda transformación que está llevando a cabo el Teatro Real a raíz de su bicentenario?

La labor del equipo directivo y artístico y de todos los colaboradores del Teatro Real merecería un aplauso unánime de toda la sociedad. Han sabido convertir la institución en un referente operístico mundial, mucho más independiente económicamente de las subvenciones públicas, involucrando con un ingenioso sistema de patrocinio, mecenazgo y micro-mecenazgo al sector privado y, todo ello, acercando la ópera, la música o el ballet a mucha gente, especialmente a los más jóvenes. El Teatro Real está dirigido por unas personas audaces, muy capacitadas y extremadamente comprometidas con su labor. Como botón de muestra valga mencionar el uso que están haciendo de las nuevas tecnologías.

Si la música fue el vínculo que le permitió conocer a Zertior, ahora es la enseñanza la que ha consolidado esa relación. ¿Qué significa para usted el Colegio Suizo de Madrid y cuál es su rol actual dentro del Centro?

Mi padre formaba parte de un grupo de suizos que decidió fundar una asociación sin ánimo de lucro que crease un colegio suizo. Así fue como el Colegio Suizo de Madrid abrió sus puertas en el año 1970 en un chalet cerca de la calle Arturo Soria para mudarse pocos años después a su ubicación actual en la zona norte de Madrid. Mis hermanos y yo hemos cursado nuestros estudios en el Colegio y mis hijos estudian ahora aquí también. Presido la asociación desde hace cinco años.

El Colegio Suizo significa mucho para mí. He pasado mi niñez y mi adolescencia entre las paredes de ese centro educativo, se han creado amistades que han durado toda la vida, representa un eslabón entre mis padres y mis hijos, en el que he aprendido las características de trabajo suizas: precisión, tesón, fiabilidad, espíritu crítico y creatividad. Suiza cree en la meritocracia.

¿Qué hace diferente al Colegio Suizo de Madrid de otros colegios?

Pues, en realidad, lo que acabo de decir. El Colegio está reconocido oficialmente por las autoridades suizas y sigue el plan de estudios de allí, añadiendo las asignaturas que nos exige España para ser un centro homologado, y, por tanto, se sustenta en la interpretación que hay en Suiza de la pedagogía. Aquí los niños no aprenden a leer o escribir hasta los seis años, se fomenta la creatividad, la iniciativa, la autonomía, el trabajo en equipo, la responsabilidad y los idiomas. Todos los alumnos aprenden a coser o a trabajar la madera. La clave reside en saber aplicar los conocimientos en la resolución de distintos problemas. El Colegio Suizo enseña a pensar y buscar soluciones.

Además, el Colegio es como una familia. Los niños entran con dos años y salen con 18, con su diploma de madurez en el bolsillo, lo que les abre las puertas de cualquier universidad del mundo, incluyendo las más prestigiosas de Suiza. Ese sentimiento de pertenencia se ha manifestado de una manera maravillosa durante el confinamiento que padecimos. Muchos padres donaron dinero para poder ayudar a otras familias que se vieron afectadas económicamente por la pandemia. Porque, aun siendo un centro privado, a nuestro Colegio acuden todo tipo de familias. Aspiramos, como buenos suizos, a la excelencia, no al elitismo.

Es obvio que la pandemia del Covid-19 está exigiendo un esfuerzo importante a todos los responsables de colegios y centros educativos para cumplir con las medidas fijadas por las autoridades y garantizar la seguridad y la salud de sus alumnos. ¿Cómo ha actuado -y sigue haciéndolo- el Colegio Suizo de Madrid en este contexto tan complejo?

Siempre hemos actuado con el sosiego debido. Analizar bien una situación es clave para tomar las decisiones correctas.

Comenzamos con la planificación del curso ya en junio pasado. A pesar de no conocer las medidas concretas que las autoridades tomarían, teníamos algunas cosas muy claras. Por puro sentido común. Así que, por ejemplo, encargamos ya sistemas automáticos de toma de temperatura, adquirimos más mobiliario y productos de higiene (mascarillas, geles), contactamos con los servicios de limpieza y ruta escolar, reorganizamos el comedor (tenemos cocina propia) y, quizás lo más impactante, decidimos acelerar el proceso de digitalización en el que estábamos inmersos comprando ordenadores portátiles para todos los alumnos y profesores para trabajar con la plataforma Microsoft Education.

Durante todo este proceso siempre hemos estado informando puntualmente y de forma transparente a nuestras familias.

¿Cómo valoraría la experiencia de la enseñanza “online”, que parece haber “pillado desprevenidos” a muchos? ¿Está la tecnología en el ADN del Colegio Suizo de Madrid?

Cuando tuvimos noticias de las medidas tomadas en Italia, comenzamos a preparar el cierre del Colegio. Desde el minuto uno nuestros alumnos pudieron trabajar sobre materias que enviaban los profesores a través de nuestra intranet. Pero pronto nos percatamos de que la situación se iba a alargar, así que introdujimos clases online y la herramienta padlet. En el plan estratégico del Colegio estaba contemplado el impulso en digitalización, así que la pandemia no hizo nada más que adelantar su implantación completa.

Suiza es uno de los países más innovadores del planeta. Por ejemplo, lleva muchos años encabezando la lista “Global Innovation Index” y el año pasado lideró también la “European Innovation Scoreboard”. El país aúna una legislación que fomenta y premia la innovación con unas inversiones en investigación y desarrollo muy altas, tanto públicas como privadas. Asimismo, el gasto en educación es muy elevado en el marco de un sistema que permite una permeabilidad entre las distintas vías de formación. Solo el 20% de los alumnos alcanza la posibilidad de estudiar en la universidad, el resto se forma en variopintos oficios. La colaboración entre las empresas y las autoridades educativas es muy intensa y ello conduce a que se ofrezcan profesiones que el mercado de trabajo demanda. No hay prácticamente paro en Suiza.

Ese espíritu innovador se encuentra también en la pedagogía. Y nos llega a nosotros a través del profesorado suizo, de la colaboración con las autoridades educativas suizas y de los propios alumnos suizos con los que contamos.

No se celebran cada día 50 años y el Colegio Suizo de Madrid ya puede presumir de ello. ¿Qué destacaría de estos 50 años y qué retos se marca el Colegio para el futuro?

El Colegio Suizo es el único centro verdaderamente plurilingüe en Madrid. Sí, el alemán es el idioma principal, y obviamente el español, pero nuestros alumnos aprenden también inglés y francés. Y no solamente como se aprenden habitualmente las lenguas extranjeras, sino que está todo enfocado en la aplicación. Por ejemplo, nos sentimos muy orgullosos de dar clases de cerámica en inglés. Que muy bien podría decirse dar clases de inglés con cerámica.

Nuestro reto es terminar de implantar la digitalización en todos los ámbitos de la comunidad escolar y continuar aspirando a ofrecer una calidad excelente. Digo conscientemente aspirar, porque uno nunca puede estar totalmente satisfecho con lo alcanzado. Siempre hay margen de mejora. Ese también es un rasgo muy suizo, por cierto.

Hace unos meses el Colegio Suizo de Madrid decidió confiar en Zertior, convirtiéndolo en su compañero de viaje para mejorar el área de Comunicación. Aunque apenas ha comenzado ese viaje, ¿qué balance esa hace esta colaboración? ¿Qué está aportando Zertior al Colegio?

Estamos muy contentos con la decisión tomada. Habíamos identificado, precisamente, que teníamos margen de mejora en nuestra comunicación y con Zertior hemos encontrado una empresa muy profesional y con dilatada experiencia en muy distintos sectores. Pero, sobre todo, un equipo humano que ha sabido entender a la perfección la idiosincrasia del Colegio Suizo.

Estamos en plena fase de implantación de una serie de medidas como son la presencia en redes sociales, la creación de una identidad corporativa bien definida o la propia comunicación interna.

No tenemos duda alguna de que la inquietud es una de las notas predominantes de Jacobo Pruschy… Aunque hoy, más que nunca, sea difícil hacer planes que vayan más allá de la semana próxima, ¿dónde se ve usted dentro de diez años?

Mi objetivo es que mis hijos reciban una buena formación, lo cual tengo asegurado en el Colegio Suizo, y que luego hagan con ello lo que crean oportuno. Que se dediquen a lo que les guste.

No todo el mundo es muy bueno en todo, pero sí pienso que cada uno de nosotros es muy bueno en algo. Y lo normal es que a uno le guste en lo que es muy bueno. Pues me gustaría que mis hijos hiciesen eso. No sólo habrán encontrado una profesión que les gusta, sino que las posibilidades de que sean felices habrán aumentado. Pero por encima de todo quisiera para ellos que sean buenas personas. Es lo que me enseñaron mis padres.

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